Entrevista con The New York Times Magazine » Glowing Radcliffe Glowing Radcliffe
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nytimesmag

Como te prometimos la semana pasada, traemos la nota de Dan en The New York Times Magazine. Aún no conseguimos los scans, pero estamos trabajando en eso. Por el momento dejamos la entrevista/nota (8 páginas!!). En ella Dan habla de sus proyectos y la periodista nos muestra un Daniel como nunca se vio antes.

Lo que si pedimos es que no la tomen y copien y peguen en otros sitios, ni con o sin créditos ya que el contenido traducido es exclusivo de y para Glowing Radcliffe. Si quieren pueden linkear a la entrevista, pero no la tomen.

“Muchas veces durante su vida profesional, Radcliffe fue consciente de las otras idiosincracias de su cara, particularmente cuando rodaba su primer película post-Potter, “The Woman in Black.” En el rodaje, dice, “me angustiaba demasiado por no hacer caras que a la gente le recuerden a Harry.” ¿Y como harías una cara que recuerde a Harry? “No hay ninguna,” dice, exhalando humo y negando con su cabeza. “Es simplemente mi cara. Debo aceptar que mi cara va a recordarle a la gente a Harry porque interpreté a ese personaje. Si evito tales expresiones dejaré de ser expresivo y me alejaré del personaje.””

Antes de que Daniel Radcliffe se convierta en el niño actor más famoso del mundo él era simplemente un niño: hijo único, dormía poco, hablaba mucho y era selectivo con su comida. También era imposiblemente dulce. En el screentest que hizo a la edad de 10, en el 2000, para la primer película de Harry Potter, “Harry Potter y la Piedra Filosofal,” su sonrisa es brillante, derrama el placer que sentía de estar allí aparentemente; se concentra y lo hace de tal forma que susurra sus líneas antes de decirlas en voz alta, pero cuando finalmente habla lo hace con naturalidad y sinceridad. Su cara es la cara perfecta de un niñito, sus ojos son enormes y azules. Uno pestañea más lento que el otro, pero no importa. Gira según se lo piden. Ya casi cuatro minutos dentro de la grabación alguien le coloca los icónicos lentes redondos y ahí está: Harry Potter, el niño mago, el elegido. Una voz adulta dice: “Ese se ve bien.”

 

Ya semanas después, Radcliffe oficialmente elegido como Harry Potter, se encuentra en una conferencia de prensa llena de reporteros y cámaras. Una de sus primeras preguntas es: “¿Cómo te sentirás siendo famoso?”. Radcliffe responde: “¡Será divertido!” El público ríe.

Trece años después, el 2 de septiembre, Radcliffe se encuentra en un pequeño barco en Venecia, abriéndose paso en el Gran Canal hacia el Puente Rialto. El puente, una construcción del Siglo XVI, es una de las atracciones turísticas en Venecia, pero ese día sólo es el punto en el que fans esperando la llegada de Radcliffe. Estaba llegando a Lido, una pequeña isla en donde se celebra el Festival de Cine de Venecia, hacia una tienda departamental que accedió a promocionar con grandes banners de la película independiente Kill Your Darlings, que Radcliffe llegó para hacerlo. Los jóvenes, en su mayoría mujeres pero hay algunos hombres, han hecho fila afuera de la tienda desde la tarde anterior para que le firmen un autógrafo. Radcliffe está dispuesto a persuadir a algunos de sus seguidores desde Harry Potter a que vayan a ver su película nueva, en donde interpreta a un ícono diferente: el poeta Allen Ginsberg, durante sus primeros años de rebeldía.

Desde varios lugares él es observado, desde callecitas al costado del agua, en balcones adornados, la gente se amontona y grita su nombre – “¡Donyell! ¡Donyell!”- y le tira besos. Desde el barco un representante y el distribuidor de la película en Italia lo llaman, “¡Sube al techo!” El día está hermoso, con la luz cálida Veneciana que se refleja en el agua. “Me dijeron que no puedo, ¡perdón!” responde él. Radcliffe, que tiene 24 años, se avergüenza de dicha exigencia, la cual no es proteger su integridad sino la del trabajo de otro. “Mil disculpas su actúo como si tratase de proteger mi cabello,” me dice, “pero Dan [su estilista] me dio instrucciones estrictas de no hacerlo quedar mal.”

Radcliffe en persona generalmente vibra con una frecuencia diferente a la del personaje que lo hizo famoso, pero al ver la larga fila se ve lo ve tranquilo y concentrado. Después de tantos años él está acostumbrado a tal deseo, a los fans aplastándose y esperando por verlo, fotografiarlo o filmarlo o pedirle un autógrafo; y si él no siente esa emoción es porque ya sabe que decepcionará a mucha gente. “Me pone mucho más nervioso saber que me sentiré mal,” me dice. “Cuando miles de personas se levantaron a las 4 de la mañana y creen que van a recibir algo que no…”

Ahora el barco se acerca a la orilla y se aseguran que el guardaespaldas de Radcliffe solo tenga acceso y no los fans. Sam, quien no se despega de Radcliffe más de 1 metro lo guia hacia unas escaleras hasta la luz artificial del negocio, el cual huele a lana y perfume. Desde el balcón Radcliffe se asoma -más de 1500 personas llenan las calles. Un sofa se encuentra en el medio de una de las tiendas y algunos metros atrás un grupo de chicas se estiran para tratar de estar más cerca de Radcliffe mientras él, Sam y su publicista tratan de ordenar sus haceres. Al no tener un plan definido, Radcliffe se acerca a la barricada y comienza a firmar celulares, libros y camisetas, pero la multitud empieza a enloquecerse. “¡Che bello!” grita una chica y en ese momento Sam decide alejarlo. (Concisco, de 1.80m y carilindo, Sam -que pidió solo ser nombrado por su primer nombre- alterna mes a mes con otro guardaespaldas, es uno de los que acompaña a Radcliffe a todos lados.)

Una vez que se formó una fila ordenada, Radcliffe se levanta y firma autógrafos, mientras que uno de los 12 guardaespaldas contratados para la ocasión indica a las chicas que se muevan para mantener el movimiento. “¿Puedes abrazarme?” le pregunta una chica. “No, ¡pero es genial conocerte!” le responde Radcliffe. Otra mujer tiembla de la emoción. “¿Se encuentra bien?” le pregunta nervioso. (“Ser amable empeora las cosas,” observó luego un tanto triste.) En algún punto escribió su autógrafo y luego lo tiró. “No se ve bien.” Una vena en su frente se hizo más visible que de costumbre.

Una vez que llegaron a los 500, después de una hora, Radcliffe habla a una cámara disculpándose con los que están aún afuera y no podrán conocerlo y agradeciéndoles por haber venido. Cuando alguien le dice a las chicas que lo esperan la noticia se escuchan gritos; Radcliffe es guiado rápidamente por Sam hacia las escaleras. Se agacha al doblar la esquina, finalmente solo. Enciende un cigarrillo. “¿Estás bien?” le pregunta su publicista. Radcliffe está pálido, propenso a las migrañas, y asiente.

Después de un viaje de 25 minutos en el barco, está de vuelta en Lido y lo dirigen a un auto negro. No logra acomodarse en su asiento cuando el conductor se da vuelta: “Diculpeme señor, ¿pero podría darme un autógrafo para mis hijos?” Radcliffe no lo piensa dos veces. “Oh, si. ¡por supuesto!” le dice mientras el conductor le pasa una servilleta y una lapicera.

Desde que las películas de Potter terminaron, Radcliffe ha elegido proyectos un tanto desgastantes, a veces trabajando 90 horas a la semana y no toma vacaciones. Parece tratar de probar que él, además de merecer el billete dorado a la edad de 10 años, no trabaja menos duro al igual que su fama no desaparece. En 2010, mientras terminaba las películas de Potter, ensayaba con un coreógrafo y aprendió a bailar para poder protagonizar “How to Succeed in Business Without Really Trying” en Broadway. Además de “Kill Your Darlings” acaba de filmar otras dos películas: “Horns” una adaptación de la novela homónima de Joe Hill, y “The F Word” una comedia romántica con Zoe Kazan. Este verano interpretó el papel principal en The Cripple of Inishmaan en el West End en Londres. En el último mes de la obra también rodó durante el día el protagonista se la segunda temporada de la serie de televisión “A Young Doctor’s Notebook,” basada en el libro del escritor ruso Mijail Bulgakov, la cual ya e sun eéxito en la televisión Británica.

En el programa, Radcliffe interpreta a un joven doctor adicto a la morfina que aparece usualmente con su versión más adulta interpretada por Jon Hamm. El material, ubicado en Rusia a principios del Siglo XX, es oscuro, muchas veces cómico y absurdo. Cuando Hamm le contó a Radcliffe sobre el proyecto, mostrándole un esbozo del guión, aceptó sin pensarlo. “El Maestro y Margarita,” la novela más conocida de Bulgakov, es uno de los libros favoritos de Radcliffe; en su cumpleaños 21 se regaló un viaje a Moscú para visitar la casa que le perteneció al autor en vida.

Mientras los guionistas trabajaban sobre el libreto no estaban seguros de que él se sintiese cómodo con muchas bromas relacionadas a su altura (mide 1.65). Para su alivio a él le encantaron, chocándose la cabeza con las luces bajas del quirófano, dejando que Hamm lo alce o lo intercepte con sus dos brazos alrededor de los del otro. Tres días previos a la visita a Venecia, Radcliffe terminó de filmar las últimas escenas de la segunda temporada, incluyendo una en la que lucha con un farmacéutico por una prescripción de morfina. Los dos actores tironearon por el pedazo de papel por un rato y luego Radcliffe se le subió encima y, como un pequeño animal peligroso, le mordió la mano y tomó el pedazo de papel triunfante.

El toque final de los dientes, antiguo y oscuro, fue una improvisación de él y quedó muy bien. “Me pregunté: ¿cómo sería si estuviese en esa situación y la necesitase?” dijo. “Mordería al maldito.”

Tuvo cinco minutos de descanso luego de filmar esa escena y salió rápidamente a fumar un cigarrillo. Él los arma, un hábito que tomó de su amigo y estilista en los años de Harry Potter, padre de tres niños que ahora está en sus cuarenta, y a quien Radcliffe considera uno de sus mejores amigos del set. Se encuentra entre los hombres más ricos por debajo de 30 en su país, pero cuando fuma Radcliffe adopta una palidez como la de un artista que vive en un ático. Tiene un mentón puntiagudo pero amplio, pómulos prominentes y esos ojos que son sorprendemente azules. Si no fuese por sus cejas, que son caricaturescas, excepcionalmente gruesas y tupidas, Radcliffe sería un poco más de lo que es: apuesto de una forma un tanto gótica. Ocasionalmente, y más cuando está cansado, muestra ese parpadeo desincronizado como el de su screen-test. “El lo que los ojos de Homero Simpson hacen cuando está ebrio,” dice Radcliffe. “Me gusta escuchar los comentarios del director de los Simpsons, es por eso que lo sé.”

Muchas veces durante su vida profesional, Radcliffe fue consciente de las otras idiosincracias de su cara, particularmente cuando rodaba su primer película post-Potter, “The Woman in Black.” En el rodaje, dice, “me angustiaba demasiado por no hacer caras que a la gente le recuerden a Harry.” ¿Y como harías una cara que recuerde a Harry? “No hay ninguna,” dice, exhalando humo y negando con su cabeza. “Es simplemente mi cara. Debo aceptar que mi cara va a recordarle a la gente a Harry porque interpreté a ese personaje. Si evito tales expresiones dejaré de ser expresivo y me alejaré del personaje.”

Radcliffe ha tenido éxito, fuera de la franquicia de Potter, en papeles en los que el físico ayuda a olvidar a su pasado en las cámaras. Cuando tenía 18 años protagonizó “Equus” en Broadway, donde protagonizó a un joven perturbado y cuya performance requería desnudes extendida. Interpretó con un acento irlandés a un discapacitado en “The Cripple of Inishmaan.” En “Kill Your Darlings” interpreta al poeta gay y sexualmente activo que concurre a la Universidad de Columbia. Hay un poco de Hogwarts en la película pero el jovencito solemne y de ojos azules fue reemplazado con el verborrágico, ocasionalmente maníaco adolescente judío de Paterson, New Jersey.

El rango de roles refleja la ambición y deseo de Radcliffe de probar, tan rápido como pueda, que él puede actuar. “Tengo un gran peso en mis espaldas,” me dijo. “Cuando haces algo tan grande a los 11 y te pagan muy bien por eso durante tus años de adolescencia por hacer lo que te gusta hay una parte tuya que piensa que todos dicen ‘tiene todo eso porque tuvo suerte, no puede realmente actuar.’ “Dicha posibilidad lo ha plagado a él también. “Ahora no es tan fuerte,” dice. “Me tomó mucho tiempo sentir que me gané el suelo.”

Radcliffe dice que creció gracias a la comedia basada en la humillación propia, una forma muy británica de humor a la cual él es asiduo. El día que obtuvo el papel de Harry Potter sus padres lo dejaron quedarse hasta tarde viendo un episodio extra de “Fawlty Towers,” tal vez la máxima expresión de un género ya conformado, como dice Radcliffe, “sobre miedos y ansiedad e incomodidad.”

“A Young Doctor’s Notebook” revela un poco de ese tipo de humor. En un episodio le amputa la pierna a niña con una sierra mientras la sangre sale eyectada de forma tragicómica, y en la segunda temporada se humilla a sí mismo para conquistar a una joven llamada Natasha. En el set de la serie ese día, Radcliffe se viste como un Arlequín para una escena que es un sueño en la que él sale de la escena saltando y bailando. Mientras habla con uno de los técnicos que arregla su micrófono. “¿Te gusta Pavement?” le dice. “A muchos técnicos de sonido les gusta Pavement.” “No hagas eso,” le dice serio el técnico. “¿Has trabajado con otros sonidistas?” “No, no, ninguno de ellos se compara contigo,” le responde Radcliffe. Generalmente suele disfrutar de las charlas cortas y casuales y la camadería entre el equipo técnico tanto como actuar. “Esto es tan estúpido y raro.” Previamente le pidió a una mujer del departamento de vestuario que lo fotografíe en su disfraz para enviárselo a su novia, Erin Darke, una actriz que conoció en el set de “Kill Your Darlings.” “Me va a encontrar taaaaaaan atractivo así,” me dice. Cuando le toca ensayar practica el salto. “Puedo hacerlo mejor,” le promete al director. Ya en el aire le da a sus pies el clásico jeté. El director se ríe apreciativamente: vergüenza ajena y propia. Fue perfecto.

En Venecia, dos días después, Radcliffe y el director de “Kill Your Darlings,” John Krokidas, estan dando entrevistas en una estructura temporaria en una plaza con vista a la playa en el Lido. Afuera cientos de chicas se aplastan en contra de las puertas de vidrio, gritando un hechizo apropiado de Harry Potter- ‘Accio! Accio!- soplando besos y empujando tanto las ventanas que el edificio vibró. Cuando Radcliffe necesitó usar el baño a la vuelta de la esquina, el evento necesitó de planificación por parte de Sam y los productores del festival de cine, un viaje rápido que desató la estampida de chicas que lo seguían cortando camino por los balcones del restaurant, asombrando a los comensales.

 

En el transcurso del día, Radcliffe habló fácilmente con 100 reporteros sobre la película, la cual está basada en la historia real del enamoramiento de Allen Ginsberg con Lucien Carr, un compañero de Columbia que eventualmente asesina a otro amigo del círculo. Los modales de Radcliffe son indudablemente educados a medida que responde preguntas; se mueve como alguien de la realeza que no solo reconoce su responsabilidad para con su público sino que también se obsesiona con ellos. “Conozco a cientas de personas, y no voy a recordarlas,” dice. “Pero cada uno de ellos recordará su interacción conmigo.”

Radcliffe me dijo que trata de borrar la imagen de niño malcriado en los primeros 10 segundos al conocer a alguien; a veces lo hace al pararse y extender sy mano y presentarse – “Hola, soy Dan” – pero muy seguido encuentra algo en qué disculparse. En un momento una reportera de TV en Venecia quebró en llanto al decirle a Radcliffe, a quien entrevistó hace 10 años, que la hizo “sentir como una tia vieja.” Radcliffe se vio afectado. “Lo siento mucho, no es mi intención,” le dijo, “pero suelo tener ese efecto en la gente. Lo siento mucho.”

A media mañana un reportero le preguntó si su niñez fue normal. Por alguna razón, la pregunta familiar para Radcliffe, pareció voltearlo. “No lo sé,” le dijo. “No sé de qué me perdí. No, yo he… no puedo sentarme a pensar en todo lo que he…” Se distrae por un momento y algo parece haber ocurrido en su cabeza. “Porque en realidad no, ¡mi niñez fue genial! La gente siempre me pregunta si me perdí de mucho en mi niñez, en realidad no: hay niños que son abusados y eso es perder tu niñez, a esos niños le quitan su niñez.”

Es una pregunta capciosa porque mucha angustia y ambivalencia yace entre una niñez normal y una en la que el abuso estuvo presente. En el último año de filmación de Harry Potter, Emma Watson, quien interpretó a Hermione Granger, le contó a Entertainment Weekly que encontró la experiencia “horrible” y se quejó amargamente sobre la rutina controlada del set: “Me decían a que hora me recogerían, a que hora podía comer, cuando podía ir al baño. Cada segundo de mi vida estaban fuera de mi poder.” Rupert Grint, quien interpretó a Ron Weasley, el mejor amigo de Harry Potter, recientemente describió la experiencia larga y desgastante de aparecer en las películas como “bastante sofocantes.”

Radcliffe, sin embargo, raramente se contradice. “Si él se sentía bien, mal, indiferente o terrible,” dice David Yates, quien dirigió las últimas cuatro películas de Potter por más de seis años y medio, “hacía percibir que todo era maravilloso y genial, aún cuando la presión era realmente intensa.” A lo que Radcliffe explica: “Si te ves un poco decaído todos se preocupan. Afecta al set.” Suprimir su humor temporalmente era más fácil que demorar al resto- otra de las habilidades que aprendió además de de mantener andando la maquinaria que lo rodeaba. “Si me enfermaba,” dice, “decían: ‘Traigan un doctor al set!’ y yo “No, estoy bien…’ No me gusta hacer preocupar a las personas.”

Radcliffe sigue sin quejarse de su experiencia en Potter, al menos no públicamente, hacerlo lo haría ver como desagradecido y darle material a la prensa: Pobre Dan, con sus Us$80 millones! (La cual es una estimación, Radcliffe dice que no sabe realmente dinero tiene y le deja las finanzas a su madre que es una consultora de castings y su contadora.) Watson llamó al set una “burbuja” de la que quería salirse; Radcliffe, en cambio, como una zona de confort, un lugar en el que evoucionó a lo que realmente es y a donde aprendió a trabajar en una película, para bien o para mal.

Cuba Gooding Jr., en un talk show británico, le dijo a Radcliffe que es tan rico que no tendrá que trabajar nunca más de nuevo. “He trabajado todos los días desde que tengo 10 años,” protestó Radcliffe. “No sé como no hacerlo.” Agregó un momento después, “no creo que haya nada mejor que quiera hacer.”

El padre de Radcliffe, Alan Radcliffe, un agente literario retirado que dejó su trabajo para cuidar a su hijo, tiene una frase que Radcliffe usa cada vez que él se quejaba: “No estas trabajando en una mina.” Es una frase que resume: eres increíblemente afortunado y estas bien compensado, y en tu peor día es de muchas formas mejor que el mejor día de otras personas. Después de Potter, a los 21, Radcliffe grabó “The Woman In Black”, su primera película sin el acompañamiento de su padre, y él le escribió una carta. “En un set de filmación siempre va a suceder algo y alguien va a retrasar la filmación,” Radcliffe recuerda. “Asegúrate de no ser ese retraso.” Por 11 años, Radcliffe hizo eso mismo bajo cualquier circunstancia. “Vigilancia constante,” dice, “es como nuestro lema de familia.”

La formación de Radcliffe durante los años de Potter fueron apartados y sin censura. Su padre estaba en el set todos los días, cuidándolo en los pasillos del armadero de aviones extraño donde las películas se filmaban. Pero a su alrededor, especialmente cuando adoleció, el cast y el equipo técnico decían groserías, se cambian en frente de él y compartían con él sus historias de borracheras. Aunque él, Watson y Grint compartieron una experiencia intensa y se llevan bien, rara vez se los ve juntos desde la última película. Los amigos más cercanos de Radcliffe era el equipo técnico, gente que “era mucho más grande que yo o vivía afuera de Londres,” me dice. “No tuve una etapa de adolescencia normal en la que construyes tu grupo de amigos según la cercanía.” Luego de lo que se consideraba un día largo en el set (el cual incluía de tres a cinco horas de tutorías), Radcliffe se iba a casa y encontraba la anarquía donde podía: escuchaba los Sex Pistols y los New York Dolls, en su habitación donde creció y refugió tal rebeldía. Los fines de semana se dedicaban a los deberes de la escuela; casi nunca salía con sus amigos del lugar porque era consciente que debía asegurarle a sus padres su seguridad o temía que sus amigos lo vean como una celebridad.

A los 17 Radcliffe se mudó solo, algo que quería hacer hacer tiempo. “Por la vida que tuve crecí mucho más rápido que muchas personas,” dice. “Sentí que lo merecía. También estaba cansado de ser vigilado. “Puedo ser honesto al respecto ahora porque sé que mis padres saben, pero quería fumar,” dice. “Me escondía para hacer como un pequeño demonio.”

Al mirar atrás admite que era muy joven para vivir solo. “Porque cuando estaba triste por algún motivo era muy fácil para mi esconderlo,” me dijo una tarde mientras almorzábamos en West Village en New York. “Había hecho ‘Equus’ y nos fue muy bien,” dice, “pero aún no podía deshacerme de ese comité de voces en mi cabeza que decían ‘vas a fallar.’” Continúa: “creo que había algo en mi que me dice ‘todo esto va a terminarse y vas a quedarte en tu lindo apartamento, solo viviendo aquí. Y van a recordarte solo por lo que has hecho en tu adolescencia.” David Thelwis, quien interpretó al profesor Lupin en las películas de Potter, una vez le dijo que, siendo Radcliffe muy joven, “bromeando que él terminaría en rehabilitación cuando tenía 18 y a los 27 presentaría un programa de televisión llamado ‘It’s Wizards!’.”

Poco tiempo después de mudarse solo, Radcliffe empezó a tomar. Desde su punto de vista no era un trago casual en fiestas, sino que tomaba todas las noche, tomaba demasiado tanto para hacer una escena en el lugar o desmayarse. “Me transformé en un estorbo,” ha dicho. “Me convertí en esa persona del grupo que tenían que cuidar.” Tomaba en bares locales y eventualmente en soledad porque era avergonzante ir a los bares a donde había ido ebrio la noche anterior. En agosto de 2010, cuando tenía 21, luego de despertarse sin saber que sucedió la noche anterior, lastimado y sin poder recordar las 8 horas anteriores, decidió dejar de tomar. No había hablado públicamente al respecto y estaba preocupado de que una mañana su pasado explotase en los tabloides. Haber pasado tantos años protegiendo la imagen de Harry Potter, se sentía alejado del mismo público que lo consideraba una parte intima de su niñez.

“Quería acortar la distancia entre el yo real, lo que me estaba sucediendo y la percepción que tenía de mi la gente,” me dijo. Habló con reporteros sobre cuando llamó ebrio a sus novias viejas, el problema que le llevó la bebida a su relación con sus padres, y, de forma un poco sensacionalista, cuando llegó al set aún borracho de la noche anterior. David Yates dijo que no estaba al tanto del problema de Radcliffe, y él cree que es así también; escondió de forma efectiva muchos problemas de sus colegas y amigos cercanos. “No soy una persona que le gusta preocupar al resto,” me dijo. “Así que si sé que la cantidad que bebo es preocupante, bebería en frente a la gente que puedo llegar a preocupar?” La tensión entre la vida sobre protegida y sobreexpuesta vida de Radcliffe aún existe en él. Cuando traba en New York comparte su departamento en el centro con su asistente personal Spencer Soloman, un ex bailarin y cameraman de 38 años que se hizo íntimo de Radcliffe y su familia cuando le enseñaba a bailar para “How to Succeed.” Soloman y Sam funcionan, de alguna forma, como hermanos mayores: son divertidos pero responsables y organizados. Soloman planea la agenda de Radcliffe y habla con su padre, agentes y publicistas dos o tres veces al día; le dice a Radcliffe cuando necesita afeitarse para un photoshoot o buscar en su apartamento una prenda que su estilista necesita que use para determinada ocasión.

En Londres, Radcliffe casi nunca deja su apartamento sin un guardaespaldas, y cuando lo hace mantiene la cabeza baja. En New York, a la que llama la ciudad de “cabezas en altas”, ocasionalmente sale solo usando un hoodie y lentes de sol. (“New York es el único lugar en el mundo en el que la gente va a decirte que le gustan tus trabajos y no van a pedirte nada a cambio” dice,)

Los placeres de Radcliffe son producto de compulsiones: fuma demasiados cigarrillos, toma galones de Coca Light, recientemente se deshizo de su adicción al Red Bull y pasa horas, desde temprano a la mañana, en NFL.com saciando su obsesión con el fútbol americano que desarrolló mientras estalrizaba “How to Succeed.” “Probablemente sé el nombre de todos los jugadores titulares,” me dijo. “En realidad no sé por qué estoy siendo modesto, me los sé a todos definitivamente.” Cuando está en New York graba los episodios de “Jeopardy!” y los ve antes de irse a dormir. Fue invitado del programa intelectual QI y tiene un conocimiento enciclopédico sobre música y trivia y un catálogo exhaustivo de bromas.

Lanzado a una vida adulto desde temprano, Radcliffe aún conserva hábitos adolescentes. Subsiste de una dieta basada en hamburguesas y pizza y no abandona sus hábitos insomnes desde la niñez y es un perezoso confeso. Un amigo aún bromea sobre la vez que secó un poco de soda con una media y volvió a ponersela.

En su mayoría, su vida gira en torno al trabajo. Radcliffe dice que conversa con sus padres con respecto a sus elecciones en su carrera pero la última palabra es la de él. “Es adicto a trabajar, y lo hace de forma brillante,” dice Yates. “Pero si esconde cosas. Puede también ser muy claro en lo que le gusta y no, pero siempre existe el peligro. Mi miedo es que en algún momento va a tener que detenerse y reflexionar y descansar. Y el hecho de que desde que terminó con Potter no lo haya hecho… Es importante que descanse un poco.”

Dentro del auditorio oscuro en Venecia, algunos momentos antes del screening de “Kill your Darlings,” Radcliffe se sentó al lado de John Krokidas, el director de la película y esperó. “No puedo creer que estamos en el Venice Film Festival,” le susurra Krokidas a Radcliffe. “Lo sé, yo tampoco,” le responde Radcliffe en un susurro. Mientras la película se proyecta, los dos se miran y se ríen de bromas que solo ellos comparten, felicitándose el uno al otro por su trabajo.

Krokidas, 40, que hizo solo dos películas antes de esta, primero eligió a Radcliffe para el papel hace 5 años. “Yo pensé: esta es una película sobre un niño bien que solo ha mostrado al mundo una sola faceta y hacia el final es un artista y un poeta y un rebelde.” Radcliffe, su agente y sus padres fueron atraídos inmediatamente por el proyecto: “Para empezar, es difícil poner en palabras lo bueno que era el libreto en comparación de todo lo que habíamos leído,” dijo Radcliffe. Pero no se limita a él solo, sino que en “A Young Doctor’s Notebook” y “Kill Your Darlings” él interpreta a una persona joven experimentando con sustancias: “Cuando interpretas a personajes en las que reconoces partes tuyas, es mucho más fácil. Y es bastante catártico.”

 

Al principio, Radcliffe tuvo que dejar ir ese personaje porque tenía dos películas de Harry Potter por terminar, pero para cuando Krokidas finalizó el cast de la película, perdió y ganó productoras, Radcliffe ya estaba libre de compromisos. Un agente vendedor de películas extranjeras le dijo a Krokidas que elegir a Radcliffe no iba a ser bueno porque “Radcliffe no puede abrir una película son tener una varita en su mano.” Pero una vez que Radcliffe firmó el contrato, trabajó tanto como Krokidas para vender la película: él personalmente cerró el trato con el comprador de “Kill Your Darlings” en un festival de cine en Alemania mientras promocionaba “The Woman in Black.”

Cuando el rodaje comenzó, Radcliffe a veces funcionaba como un mentor de Krokidas, aconsejándolo de cómo debía manejar a la prensa, establecer un clima en el set o pensar en su próximo movimiento con respecto a su carrera.

Los dos se han hecho grandes amigos y no se restringen de decirle al otro cuando se están pasando. Luego del screening en el Toronto International Film Festival, cuando Krokidas decidió celebrar en la piscina decorativa y fue Radcliffe quien le hizo saber que su celebración podría terminar en Internet. “John,” le dijo, “hay una delgada línea entre lo divertido y lo raro y estás justo en esa línea.” Krokidas se salió de la piscina.

A su vez, Krokidas, a quien Radcliffe lo llama “el mejor director de actores con el que he trabajado,” pasó varias horas fuera del set ayudándolo a encontrar el método de actuación que iba con él, una experiencia, que en retrospectiva, hubiese querido tener en las películas de Potter. “Hay cosas que son simples y que nadie me habló de ellas al respecto,” me cuenta Radcliffe. “Nadie nunca me dijo: ¿qué esperas de esa escena? Era dejado a nuestros instintos.” Radcliffe, naturalmente verborrágico e hiperactivo, desea no haber reprimido su “rareza natural” en las películas de Potter. Sólo da como ejemplo su performance en la sexta película de Potter, “Harry Potter and the Half-Blood Prince,” y dice que es “una nota al pie de lo que quiere decir.” Nunca le gustó mirarse en sus películas. Cuando apareció en “Inside the Actor’s Studio” le dijo a James Lipton que recuerda ver la primer película, de chico, con odio.

En “Kill Your Darlings”, Radcliffe demuestra un rango actoral más amplio que en las películas de Potter, con un rol que desafía su caracterización. El Ginsberg de Radcliffe es muy inseguro a nivel social pero seguro de que es un genio; es, aparentemente, profundamente romántico, caprichoso y sexual. En Venecia muchos periodistas le preguntan si estaba tratando de “acuchillar por la espalda” a Harry Potter al hacer una escena de sexo gay. Pero Radcliffe simplemente dijo que era parte de la historia, como su desnudo en “Equus” era esencial. “Realmente no sé cual es el problema,” Radcliffe, cuyos padres tienen muchos amigos con los que creció rodeado, dijo en una nueva conferencia. “La gente ha tenido sexo gay por la misma cantidad de tiempo que ha existido el sexo heterosexual. Punto.”

Después de dos días exhaustivos en Venecia, Notorious Pictures, la distribuidora Italiana, realizó una cena en el Centurion Palace, un hotel de lujo sobre el Grand Canal. Al llegar al lobby, Sam y Radcliffe hacen su camino entre la multitud para que él pueda dar otra entrevista mientras sus ojos brillan un poco.

Los organizadores invitaron a una variada cantidad de personas que iban desde un principe veneciano que deambulaba por el lugar, estudiantes de cine y una mujer conocida por ser una vedette increíblemente alta y de pocas luces. Una joven italiana que se había colocado un poco del glitter del centro de mesa en la cara preguntó cual era el equivalente de mago en inglés. “Wizard.” “Hello, wizard,” le dijo a Radcliffe cuando estuvieron lo suficientemente cerca. Radcliffe posó para fotos una y otra vez.

Durante el buffet, una mujer muy alta y rubia vestida de blanco y tacos altos apareció en la terraza, donde Radcliffe hablaba con Sam y Dan -su estilista- sobre fútbol de fantasía. La mujer, aspirante a actriz, comenzó a hablar con Radcliffe y fumaba sosteniendo su cigarrillo de forma elegante prestándole atención. Era la primer persona de su edad con la que habló en dos días y se notaba que probablemente fue invitada para que él la disfrute. Radcliffe se entusiasmaba cada vez más al hablar. La conversación llego hasta su performance del musical en Broadway. “A veces buscas una risa y te olvidas de actuar,” le dice a ella, “y te vas del personaje por esa risa y terminas pareciendo un idiota. Pero nunca debes de perder fe en lo que te gusta- si alguna vez logras hacer teatro, debes hacerlo.” La mujer le dice con una sonrisa “me inspiraste demasiado.” Y se va a buscar un trago.

Mientras se va, la cara de Radcliffe parece perder color, como lo hace seguido, como una luz que pierde intensidad sin conversación. Tal vez ella se preocupaba por los paparazzi, o tal vez tenía novio. Pero Radcliffe parece abatido. No es que tratase de llevársela a la cama, pero esta clase de momentos se encuentran en sus miedos más profundos.

“A veces piensas…” Hace una pausa. “Tal vez la gente te… tolera, sabes,” me dijo después. “Hablo demasiado y hablo demasiado sobre cosas raras que a mi me interesan, y a veces pienso ‘tal vez si no fueses un actor o tuvieses una cara reconocida la gente no te escucharía, y nadie encontraría lo que dices gracioso.”

Austin Bunn, quien escribió “Kill Your Darlings” con Krokidas, le preguntó a Radcliffe como se sentía. No estaba esperando esa multitud en el lobby del hotel, admitió, o los flashes. El manager de la distribuidora italiana, al escuchar el comentario, le pidió disculpas y casi se arrodilla, le dijo que era algo que podrían haber evitado. Radcliffe palideció, se alarma con la aflicción ajena así como ellos se alarman con la forma en que lo decepcionaron. Radcliffe rápidamente le dice al manager – “No, no, está todo bien, de verdad, está bien”- luego me mira a mi con una mirada que dice: ¿ves de lo que te hablo?
Radcliffe abandona la terraza y encuentra a sus padres que están sentados en una habitación en el exterior. (Sus padres siempre se mantuvieron fuera del medio, por lo que siguen siendo uno de los refugios de Radcliffe). Alrededor de las 11.30 todos se alinean y miran el mar esperando por el water-taxi que los llevará al próximo evento. “En caso de que estés preguntándote de que se trataba esa reunión en el rincón,” dice Radcliffe refiriéndose al tiempo que pasó con sus padres, “finalmente llegué al punto en el que necesitaba estar solo sin que nadie me pida nada.”

Todos en el barco creían que iban a ir a una fiesta relacionada con la película: que sería relajante, habría risas y karaoke, pero Radcliffe y su grupo se dio cuenta de que el distribuidor italiano había organizado otra fiesta con cientos de invitados, ninguno conocido de él, apretujados y con música a todo volumen. Sam guió a Radcliffe y su contingente, más rápido que de costumbre, a un patio interno en el fondo, un rincón que se encontraba sobre el mar donde dos encantadores bartenders ganadores de una competencia internacional de barmans trabajaban en un bar para íntimos. Radcliffe se sentó espaldas al agua. Él no necesitaría de sus servicios, al menos no con algo con alcohol porque ya no bebe. Su cara, cansada y apagada estaba tan pálida que parece translúcida en la oscuridad, pero su saco azul se fundía con el color del mar, y pareció difuminarse en la noche así como, por comando propio, se hiciese desaparecer mágicamente.

 

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7 Responses on “Entrevista con The New York Times Magazine”

  1. Mahe says:

    Vaya trabajo que te has dado! Está genial que todo el mundo pueda leer (o releer) la entrevista ;) Gracias. Los scans que esperas trae más información aparte de las ocho páginas que publicaron en la web del diario o es lo mismo?

  2. Maripy says:

    Que linda Mahe, gracias :)
    No, creo que es lo mismo, por eso decidí no esperarlos porque además nadie compra la New York Times Magazine (de por sí es shockeante ver algo de The New York Times no siendo duro con Dan). Pensé en comprar la revista para al menos subirlos yo pero el envío cuesta el doble de la revista así que no jajajaja!

  3. DortyRyddle says:

    Es la mejor entrevista que he e leído sobre Daniel, y aplaudo a la periodista, que hizo un trabajo gratificante y realista sobre la vida de Dan, sin querer taparle nada, toda una nota interpretativa.
    Buen trabajo que te llevaste traduciéndola, gracias:)

  4. angie says:

    AHORA SI TE LA RIFASTE (EN BUENA EXPRESION DE TU TRABAJO CHICA) MUCHAS GRACIAS POR PERMITIRNOS LEERLA Y TRADUCIRLA

  5. Jocelyn says:

    les contare algo muy chistoso, mi madre ha visto conmigo 3 pelis de la saga de Harry Potter y cada vez que me ve viendo alguna peli de Dan se molesta dice que le cae mal; pero cuando fuimos a ver LA DAMA DE NEGRO la cine mi Mamà salio encantada por el actor y cuando le dije que era Harry Potter ella no me creyo

  6. Sofia says:

    Maripy antes que nada gracias por haber traducida la entrevista y haberla subido a la página , tal vez te parezca tonto pero te quiero hacer una pregunta:
    ¿por que crees que Dan se negó a abrazar a esa chica cuando ella se lo pidió?

    Por que la verdad si me hizo sentir u poco triste , por favor responde es muy importante para mi

  7. Maripy says:

    Creo que es por una cuestión de seguridad de él que no puede abrazar a los fans cuando es tipo un mob, porque en la calle o en lugares con poca gente él no tiene problema de abrazar a sus fans o posar con ellos… Además imaginate que firmó 500 autógrafos y fueron 500 fans y había miles afuera que no iban a recibir su autógrafo porque su contrato convenía una determinada cantidad de tiempo firmando, y su abraza a uno todos van a querer un abrazo y eso es tiempo que se “pierde” para los productores y distribuidores de la peli y se atrasan los eventos. Es como que si le dice que si a uno va a tener que decirle que sí a todos…. Creo que en esos casos solo accede si es tipo un deseo del fan por Make a Wish o ese tipo de organizaciones, pero de igual forma no llevarían a alguien con una enfermedad terminal a un evento de tal magnitud donde los fans terminan poniéndose medios rabiosos (no recuerdo si es en esta entrevista o en otra en la que dice que saltaban por los balcones del restaurant de la planta baja del mall en donde estaba Dan o que lo persiguieron cuando fue al baño). No creo en absoluto que haya sido un tipo de rechazo hacia esa fan en especial, creo que fue por una cuestión de tiempo y protocolo y que sea justo para todos.

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